martes, 15 de octubre de 2013

En la tormenta soy fuerte

En la tormenta soy fuerte porque Dios me toma de la mano. Dios decidió dejarme pasar por esta prueba y no ha sido fácil. A veces pienso que disfruta y luego recuerdo que nosotros como padres tenemos que dejar que nuestros hijos hagan cosas solos y los tenemos que dejar se equivoquen, pero con la certeza de que siempre estaremos ahí para ellos.
Eso hacemos nosotros, dejar a nuestros hijos crecer y madurar a través del aprendizaje que da el equivocarse. Sabemos que esto es bueno para  ellos y no discutimos los beneficios de esta practica. Pero cuando es nuestro Padre eterno el que lo hace, de inmediato le reclamamos y le preguntamos porque nos castiga.
Dios no castiga y eso es algo que deberíamos aprendernos de memoria, quien nos pone el pie es el enemigo que solamente quiere desanimarnos para alejarnos de Dios y de nuestro propósito en él. Dios nos da avisos de que estamos yendo por el camino errado y en su infinito amor nos deja equivocarnos para que crezcamos.
La lección aquí no es que Dios permite las pruebas o el fuego en nuestra vida, la lección aquí es que Dios como padre amoroso no nos abandona aunque nosotros no lo sintamos de esa manera. Dios nos acompaña y sufre con nosotros cada lágrima, cada dolor. Pero también nos consuela y nos lleva de la mano hasta que pasa la tormenta.
Así es como somos fuertes en la tormenta, de su mano y bajo su protección y guía. Porque aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Así que Dios estará con nosotros en cada momento difícil y debemos confiar en que siempre cumple su palabra.
Soy fuerte en la tormenta porque creo que siempre me acompaña y que nada puede ser peor que estar sin Él. 
En las mañanas cuando me levanto siempre agradezco a Dios y me tomo el tiempo para estar con él, no para pedirle sino para estar con él, para platicar y decirle cuanto lo amo, incluso para llorar y sentir su consuelo. Soy fuerte porque oro, soy fuerte porque su palabra es la que se declara en mi casa. Soy fuerte porque espero en ÉL y a mucha gente se le olvida que Dios no te va a quitar de encima lo que tercamente decidiste vivir sin escucharlo.
Quien oye a Dios no equivoca el camino y se ahorra litros de lágrimas, además de que se fortalece en el espíritu.
Por eso solamente creo que con Dios mi tormenta será siempre más fácil de transitar.
Gloria a Dios por ser Dios.

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