Este domingo, después de ver la predica que mi Padre espiritual nos puso, tuve una revelación impresionante: La Sangre de Jesús, La Cruz. Estás dos poderosas verdades se me revelaron no sólo como una enseñanza teológica de la resurrección y al salvación, sino como parte del caminar en el poder sobrenatural en Dios. La Sangre con el poder del sacrificio de Cristo que nos dio libertad y La Cruz como la puerta a la libertad y la comunión con Dios.
Esto fue lo que se me reveló el domingo y fue tan fuerte que no tuve más opción que ponerme a llorar y dar gracias por esas dos verdades . Fue entender que cubrirse con la sangre de Cristo es más que la protección que nos da, sino es cubrirse con la victoria de Cristo y saber que con ella su poder nos acompaña para sanar, para demostrar su poder y su amor. Esa sangre que se derramó no sólo en la Cruz sino también en los 39 azotes que le dieron, en ese desgarrar su carne para que nosotros no pagáramos el precio del pecado.
Su sangre es la llave para la reconciliación con Dios, nada más. La Cruz es la puerta para llegar a Dios porque en esa cruz Jesús venció al enemigo y no dio la victoria. Ahora entiendo lo que mi Pastor decía: La victoria la tienes todos los días en tus manos, Él te la dio al precio de su sangre, te regaló lo más valioso: la salvación.
Es por eso que nadie llega al cielo por obras, llegamos al cielo por gracia de Dios al aceptar a Jesús en nuestro corazón y creer que le resucitó al tercer día, pero sobre todo cuando lo confesamos con nuestra boca.
Toma el poder la sangre y predica la Cruz, dile a los que no conocen a Dios cuanto los ama y cuéntales quien realmente es Jesús. Dale dolor de cabeza al diablo que siempre se retuerce cuando se revela la Cruz y la sangre, dale de golpes siempre hablando de Cristo. Porque al final del día no te puede vencer porque ya está vencido desde hace mucho.

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